martes, 1 de abril de 2014

El caballo de Atila pasea por Quijorna.



Tras la primavera del 2013, que fue generosa en lluvia, este año el aspecto del campo y los jardines también se presenta favorable. Todas las semillas que esperan su momento desde el año pasado están teniendo el sol y el agua necesarios para regalarnos unos meses de abril y mayo radiantes. Cuando llega este momento del año, desde Quijorna resulta casi imposible no fijarse en los montes y el campo circundante, pero también tenemos dentro del pueblo zonas verdes, que más que jardines, son simplemente campo que no se piensa urbanizar o no dio tiempo a hacerlo. El más visible de estos terrenos es seguramente el entorno del arroyo Quijorna, y otro es el olivar que está junto a la calle Quejigo, dos zonas que bien tratadas podrían por sí solas mejorar mucho el aspecto de nuestro pueblo, pero igual que otras parcelas, no han tenido demasiada suerte.

Cuando vine a vivir a Quijorna, en 2007, ambos espacios del entorno de mi casa fueron convertidos en escombreras. Entonces daba verdadera pena ver que lo que habían sido los campos más cercanos al pueblo, seguramente los preferidos por los antiguos vecinos para pasear o para poner huertos, estaban llenos de cascotes, latas y plásticos que apenas aparecían tapados con tierra por los constructores cuando estos iban a entregar la obra y salir pitando. Frente a esto, el tiempo, una cierta intervención de los servicios de mantenimiento y el compromiso de algunos vecinos han ido permitiendo que estos terrenos tan visibles recuperen de a poco su aspecto original, pero en esos mismos sitios, a la naturaleza que intentaba recuperarse se le ha cruzado un enemigo inesperado.

Si no he observado mal, este es por lo menos el tercer año en el que a los servicios municipales se los envía a tratar con algún tipo de veneno nuestro entorno. En esta ocasión, creo que la más cañera, han actuado sobre los márgenes de varios caminos, calles, el olivar de la calle Quejigo y zonas pegadas al arroyo, incluidas la entrada al colegio y el perímetro exterior e interior de los parques infantiles. Tras aplicar no se qué producto, a los pocos días mueren todas las plantas rociadas, y con ellas todos los insectos que comparten hábitat. Lo que era parte de una pradera fresca y verde destinada a llenarse de vida pasa a ser un erial marrón, arrasado químicamente y probablemente tóxico durante unos días para los pájaros y los pequeños vertebrados. A mi entender, la explicación más probable para este comportamiento ilógico es una mezcla de desconocimiento de la ley y pocas ganas de trabajar por parte de quien da la orden de proceder así. ¿Qué se gana con esto?, en apariencia, solo evitarse tener que cortar estas hierbas cuando dentro de un par de meses estén secas por causa natural. Lo que está más claro es lo que perdemos todos: biodiversidad, belleza, pureza del agua y del suelo y posiblemente una parte de nuestra salud. Los dos últimos factores dependen básicamente de cual haya sido el producto y la dosis utilizados. Esta pregunta ya está presentada en el registro del ayuntamiento, además, sería bueno saber si nuestro ayuntamiento ordenó fumigar también sobre terrenos que no son de propiedad municipal, sino privados.

Desde el respeto a los ciclos de la naturaleza seguirá siendo injustificable esta manera de proceder sobre nuestro entorno inmediato, pero es de esperar que al menos quién tenga la responsabilidad de esta acción sepa darnos otras razones, y sobre todo, que pueda garantizar que los productos y dosis utilizados son inocuos para las personas. Las fotos que se ven el Internet muestran que otros municipios que aplican fitosanitarios al menos avisan mediante carteles de que no se debe entrar en la zona rociada durante un cierto tiempo. Aquí yo no vi esos carteles. Coincidiendo con la fecha de aplicación de este producto a mi perro se le descarnó el hocico de una forma terrible. Confío en que solo sea una casualidad y entre las dos cosas no exista ninguna relación.

Ernesto Viñas. 

Arroyo y parque infantil

Perímetro interior del parque infantil, que está fumigado
Márgenes del arroyo 
Arroyo por calle Nabera
Plaza de Genaro Núñez

Parcela anexa al colegio
Valla del C.E.I.P. Príncipes de Asturias, junto al huerto escolar
Parque del arroyo en frente del colegio
Interior del parque infantil

Exterior del parque sin fumigar


Olivar visto desde calle Quejigo
Parcela privada con olivos


Pinar municipal
Detalle del pinar

Contraste de colores



Naturaleza muerta




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