domingo, 8 de junio de 2014

Referéndum sobre Monarquía o República


Si tuviéramos un poco más de perspicacia y agudeza política, debería bastarnos con ver quiénes son los mayores entusiastas del relevo y sucesión monárquicas para darnos cuenta de qué tipo de estado nos espera en el futuro a los habitantes de España. Todos los portavoces del poder económico y político vigente, los medios de comunicación y los gobiernos de los países que, según nos dicen a coro ellos mismos, son nuestra referencia, están de acuerdo: la continuidad de la monarquía es necesaria, legal y conveniente. 

Para asegurarse de que el actual régimen prolonga su vida, un selecto y reducido grupo de representantes de los anteriores intereses han estado reuniéndose en secreto para elegir el momento, los plazos y la forma en que se lleva a cabo el relevo en la Jefatura del Estado. Ante la coyuntura problemática que vivía el actual rey, su avanzada edad, y sobre todo, por el incipiente riesgo de que el descontento social disperso se organice en torno a una alternativa políticamente peligrosa para el poder establecido, han decidido que era el momento para cambiar a la persona, a fin de que el régimen siga adelante. Cualquier posibilidad de participación democrática de quienes, en teoría, tenemos la soberanía ha quedado descartada de antemano. Los que tienen el poder real no quieren riesgos y, por otra parte, la legalidad vigente los ampara. No en vano la han impuesto ellos mismos desde 1939, usando primero métodos coactivos y más tarde otros “democráticos”.

Dentro de España, da la casualidad de que los mayores amigos de la monarquía defienden también el incremento de los beneficios empresariales y bancarios, la desigualdad fiscal, el decrecimiento de los salarios, el recorte de los derechos sociales, la impunidad de la corrupción, los desaucios, la privatización de empresas y servicios públicos, los latifundios improductivos que dejan pueblos vacíos, etc. A los mejores amigos de la monarquía, ni les preocupa sinceramente ni les afecta el paro, la proliferación del empleo de baja calidad, la aterradora cantidad de accidentes laborales graves o la degradación del medio ambiente o la calidad de la sanidad y educación públicas. 

Fuera de España, el mayor apoyo a la sucesión monárquica viene de Estados Unidos, un país cuyos gobiernos están encantados con la evolución española desde los años 50, cuando la dictadura se convirtió en un aliado y permitió la instalación de sus bases militares, momento desde el cual la subordinación de España a USA se ha consolidado en todos los ámbitos. En la esfera de la “seguridad” nuestros gobernantes y monarca han sido especialmente dóciles: entre otras cosas nos han integrado con trampas en la OTAN, han permitido ampliar la principal base militar extranjera en España y han mirado para otro lado cuando los norteamericanos han usado el suelo español para sus acciones de bombardeo, para sus guerras sucias o cuando han asesinado a diplomáticos, religiosos o periodistas españoles molestos, lo que ocurrió al menos en Chile, Guatemala, Panamá, El Salvador e Irak.

Toda esta “buena gente” de dentro y fuera de España, tan parecida a nosotros, es la que lleva la voz cantante en defensa de la sucesión monárquica y para convencernos de que la alternativa a este sistema es el caos y la inseguridad, en lo que tienen mucha razón, ya que serían ellos mismos los que se encargarían de crearlos si la situación evolucionara de forma que sus privilegios pudieran verse amenazados. Eso ya ha pasado antes.

Fuera del grupo de los privilegiados económicos a los que sirve y conviene este sistema, el 90 % restante del pueblo español está invitado por ellos a alegrarse o a consentir con indiferencia la sucesión que ya ha sido planificada y acordada en sus reuniones secretas. Buena prueba de esto es que los medios de creación de opinión pública, tras haber dado la noticia de la abdicación real, solo un par de horas después ya se habían puesto a hablar de un modo continuo, borreguil y machacón sobre las virtudes personales de la nueva pareja real y lo bien que lo van a hacer durante las próximas décadas, las que separan el reinado del padre del heredero, del reinado de la hija mayor del heredero. Está previsto que una flor de invernadero educada desde su primera infancia en colegios elitistas y universidades norteamericanas asuma la Jefatura del Estado y las Fuerzas Armadas para cumplir con las aparentemente limitadas, pero importantísimas, funciones que le tiene reservada la actual constitución, producto, no conviene olvidarlo, del final pactado del franquismo. 

Frente a un nuevo rey, que básicamente servirá para dar lustre y apariencia de legitimidad a un sistema económico injusto y sumiso al gran capital y a ciertas potencias extranjeras, muchos de quienes dependemos de nuestro trabajo para vivir, aspiramos a crear un país verdaderamente democrático, mucho más igualitario, justo, soberano y solidario. Quienes no nos resignamos a otro largo periodo de falsa democracia, que puede durar hasta el final de nuestras vidas, hacemos otra propuesta para cubrir la vacante creada en la Jefatura del Estado por la abdicación del rey y como, a diferencia de nuestros adversarios, no queremos imponerla a nadie, pedimos un referéndum que decida y legitime la forma política de nuestro Estado. Nuestra opción es la III República, que deberá establecer todos los mecanismos necesarios para que la soberanía que en él reside sea ejercida de verdad por el pueblo. Esto supone no solo que haya una presidenta o un presidente electos, sino que podrán ser repensadas y cambiadas muchas de las instituciones y normas vigentes, empezando por la propia constitución. 

Este momento es oportuno para conseguir que nos expresemos sobre esta cuestión, pero si como parece, nos ganan otra vez la partida y coronan un nuevo rey, nuestra lucha no decrecerá, sino que se cargará de razones y ganará nuevos apoyos, ya que está llena de sentido común y futuro. Como ciudadanos, aspiramos a poder dar y retirar la confianza a un Jefe de Estado que asuma esa alta responsabilidad basándose en sus méritos e idoneidad política, no porque lo hayan preparado desde niño para serlo. Queremos un Jefe o Jefa de Estado que tenga carisma y asuma el riego de desbloquear las situaciones de inmovilismo o empate parlamentario interpretando y custodiando el interés popular. A modo de ejemplos, ningún futuro Jefe de Estado debería permitir que exista malnutrición infantil en nuestro país o que sigan desatendidas las demandas de reparación y justicia que afectan a las familias de más de 100.000 ciudadanos desaparecidos durante la GCE y la dictadura. 

Democratizar la vida política y social exige que la soberanía popular encuentre, casi por primera vez, canales de actuación efectivos y más directos. La lucha pacífica y decidida por una III República laica, democrática y en la que todos los pueblos de España se sientan cómodos, no tiene su origen solo en el rechazo que sentimos hacia la institución monárquica, sino que nace de la necesidad y la voluntad de poner todos los medios y recursos disponibles al servicio de la ciudadanía. La fase decisiva de esta lucha apenas está empezando, aunque tiene magníficos antecedentes en la historia del siglo pasado. En la actualidad, ejemplos como las movilizaciones que se están produciendo en toda España a favor del referéndum o la aprobación de una moción a favor del mismo en el último Pleno del municipio de Navalagamella nos muestran un camino.

Ernesto Viñas

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